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Sucesos

Ykua Bolaños: 22 años de una herida que Paraguay no puede olvidar

2 de agosto de 2026 a las 04:48 p. m.

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Ykua Bolaños: 22 años de una herida que Paraguay no puede olvidar

Han pasado 22 años, pero el dolor sigue intacto. El incendio del supermercado Ykua Bolaños, ocurrido aquel domingo 1 de agosto de 2004 en Asunción, se convirtió en una de las tragedias más dolorosas de la historia reciente del Paraguay. Más de 300 personas perdieron la vida y centenares de familias quedaron marcadas para siempre por una tragedia que, según numerosas denuncias y testimonios, pudo haberse evitado.

No fue solamente el fuego. Fue una cadena de negligencias, controles que no se hicieron, normas que no se respetaron y decisiones que terminaron convirtiendo un centro comercial en una trampa mortal. La tragedia expuso, con una crudeza imposible de ocultar, las graves falencias en materia de prevención, fiscalización y seguridad.

La Ordenanza Municipal N.º 25.097 establecía exigencias relacionadas con la prevención de incendios, incluyendo la aprobación de planos, inspecciones de las obras terminadas, controles periódicos de las instalaciones y capacitación del personal para actuar ante situaciones de emergencia.

El entonces concejal de Asunción Luis Alberto Boh, arquitecto y urbanista, sostuvo que el cumplimiento de esas disposiciones pudo haber evitado la magnitud de la tragedia y apuntó a las responsabilidades dentro de la administración municipal.

ENRIQUE RIERA: UNA RESPONSABILIDAD POLÍTICA QUE SIGUE PESANDO

En medio de aquella tragedia también quedó expuesta la responsabilidad política de quienes tenían a su cargo la conducción de la Municipalidad de Asunción. Enrique Riera era intendente municipal cuando ocurrió el incendio y, según las denuncias formuladas en aquellos días, se encontraba fuera del país sin autorización del órgano municipal correspondiente.

Su ausencia en el momento de una de las mayores tragedias registradas en la capital paraguaya generó una fuerte reacción y dejó una pregunta que sigue siendo incómoda más de dos décadas después: ¿quién debía responder políticamente por la fiscalización y la seguridad de los establecimientos que concentraban a cientos de personas?

La discusión sobre Ykua Bolaños no puede limitarse a quienes encendieron una llama o a quienes estuvieron dentro del local. También debe alcanzar a las instituciones encargadas de controlar que las normas de seguridad se cumplan. Cuando los controles fallan, cuando las advertencias son ignoradas y cuando las autoridades no ejercen su responsabilidad, la tragedia deja de ser solamente un accidente y se convierte en una cuestión de responsabilidad pública.

Y hay una paradoja que resulta imposible ignorar: 22 años después de aquella tragedia, Enrique Riera continúa ocupando espacios de poder dentro del Estado paraguayo. Para las familias de las víctimas y para una sociedad que todavía recuerda aquel domingo negro, esto vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de discutir responsabilidades, memoria y rendición de cuentas.

CORRUPCIÓN: EL MAL QUE TAMBIÉN MATA

La tragedia volvió a poner sobre la mesa una realidad que durante décadas ha golpeado al Paraguay: la corrupción no siempre se traduce solamente en dinero robado. También puede costar vidas.

Boh cuestionó que los controles municipales pudieran ser superficiales o incluso omitidos a cambio de sobornos. Si una inspección se convierte en un simple trámite para cumplir formalidades, mientras las normas de seguridad son ignoradas, el resultado puede ser devastador.

Y eso fue precisamente lo que ocurrió en Ykua Bolaños: personas que entraron a un establecimiento para comprar o trabajar terminaron luchando por sus vidas dentro de una estructura que, en medio del caos, se convirtió en una gigantesca trampa.

PUERTAS CERRADAS, VIDAS PERDIDAS

Uno de los hechos que más estremeció a la sociedad paraguaya fue la denuncia de que las puertas del establecimiento fueron cerradas durante el incendio, impidiendo que muchas personas pudieran escapar y dificultando el ingreso de quienes intentaban rescatar a las víctimas.

Detrás de cada número hubo una historia. Padres que nunca volvieron a sus casas. Madres que quedaron esperando a sus hijos. Niños que crecieron sin sus padres. Familias enteras destruidas en cuestión de minutos.

Ykua Bolaños no puede reducirse a una cifra escrita en un expediente judicial. Son nombres, rostros, abrazos que quedaron pendientes y familias que llevan 22 años intentando reconstruir sus vidas con una ausencia que jamás podrá ser reemplazada.

22 AÑOS DESPUÉS, LA MEMORIA SIGUE EXIGIENDO JUSTICIA

Recordar Ykua Bolaños no significa únicamente mirar hacia el pasado. Significa preguntarnos cuánto hemos aprendido y cuánto hemos cambiado.

Porque cuando la corrupción, la negligencia y la falta de controles se vuelven normales, la próxima tragedia solamente está esperando una oportunidad.

A 22 años de aquel domingo negro, las víctimas merecen mucho más que un minuto de silencio. Merecen memoria, respeto y justicia. Y la sociedad paraguaya merece instituciones capaces de garantizar que una tragedia semejante jamás vuelva a repetirse.

Ykua Bolaños sigue siendo una herida abierta. Una advertencia. Un grito de cientos de familias que todavía recuerdan aquella tarde en la que el fuego se llevó a sus seres queridos.

22 años después, Paraguay no debe olvidar. Porque olvidar también puede ser una forma de permitir que vuelva a ocurrir.

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