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PARAGUAY, ENTRE LA FE QUE SE PROCLAMA Y LA JUSTICIA QUE NO LLEGA

30 de septiembre de 2026 a las 04:36 p. m.

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PARAGUAY, ENTRE LA FE QUE SE PROCLAMA Y LA JUSTICIA QUE NO LLEGA

El obispo auxiliar de Asunción cuestiona el “marketing religioso” de los políticos y reclama una Iglesia más cerca del pueblo: “Sacerdotes de calle, de a pie y no de oficina”

Paraguay vive una de sus mayores contradicciones: es una sociedad profundamente cristiana, pero todavía arrastra niveles preocupantes de corrupción, pobreza, desigualdad y exclusión. En un país donde la fe ocupa un lugar central en la vida de millones de personas, la pregunta inevitable es cuánto de esos valores termina convirtiéndose realmente en conducta pública.

En este escenario, las palabras del obispo auxiliar de Asunción, monseñor Gabriel Escobar, adquieren particular fuerza.

El religioso pidió a los sacerdotes abandonar la comodidad de las oficinas y estar en las calles, junto a quienes sufren. “De calle, de a pie, y no de oficina”, fue su definición. Recordó que la misión de la Iglesia no puede limitarse al discurso religioso cuando delante tiene a personas explotadas, víctimas de injusticias, sin trabajo o sin condiciones para llevar una vida digna.

Una fe que no puede mirar hacia otro lado

El planteamiento interpela a una sociedad que, pese a su enorme tradición cristiana, continúa enfrentando graves problemas sociales e institucionales.

La pobreza, la precariedad de los servicios públicos, la desigualdad y la corrupción no desaparecen con discursos piadosos ni con fotografías junto a autoridades religiosas.

Y es precisamente allí donde el mensaje de Escobar golpea con mayor fuerza: la fe no puede convertirse en una fachada que convive tranquilamente con la injusticia.

El obispo llamó además a los ciudadanos a asumir responsabilidad frente a las elecciones municipales. Recordó que la población paga impuestos y tiene derecho a servicios públicos adecuados, cuestionando la situación de calles deterioradas y otros problemas que afectan diariamente a la ciudadanía.

También puso la mirada sobre los concejales, a quienes atribuyó una función esencial: controlar la administración municipal y exigir cuentas a los intendentes.

“El 90% va para hacer marketing”

Pero quizás el cuestionamiento más incómodo de sus declaraciones estuvo dirigido a la relación entre determinados sectores políticos y la Iglesia.

Escobar afirmó que muchos dirigentes buscan acercarse a las autoridades religiosas principalmente para mejorar su imagen pública.

“Yo te podría decir 90% van para hacer marketing, para quedar bien”, sostuvo.

La frase expone una práctica que, según el religioso, puede convertir a la Iglesia y a sus referentes en una especie de escenario para la construcción de imagen política.

Escobar fue claro al respecto: aseguró que no se presta para que su imagen sea utilizada con fines particulares.

“No me he prestado para utilizar mi imagen”, manifestó, explicando que mantiene la libertad de decir lo que considera necesario porque, según sus propias palabras, no le debe favores a nadie.

La fotografía no es un certificado de honestidad

El planteamiento adquiere especial relevancia en épocas electorales, cuando las fotografías con sacerdotes, obispos, líderes comunitarios y referentes sociales pueden convertirse en piezas de propaganda.

Pero una fotografía junto a una autoridad religiosa no constituye, por sí misma, una demostración de honestidad, compromiso social ni buena gestión.

La advertencia de Escobar apunta justamente a esa diferencia entre la imagen y la realidad.

Un dirigente puede mostrarse cercano a la Iglesia y, al mismo tiempo, ser cuestionado por su gestión. Puede hablar de valores cristianos y, sin embargo, estar lejos de las necesidades de quienes reclaman trabajo, salud, educación, seguridad, infraestructura y justicia.

Por eso, el mensaje plantea una cuestión de fondo: ¿debe la Iglesia prestarse para legitimar imágenes políticas o debe mantenerse del lado de quienes necesitan respuestas?

La contradicción paraguaya

El problema no está en la fe. El problema aparece cuando la fe proclamada no encuentra correspondencia en la vida cotidiana.

Un país puede tener iglesias llenas y, al mismo tiempo, hospitales deficientes. Puede tener discursos sobre solidaridad mientras miles de familias enfrentan dificultades económicas. Puede escuchar llamados a la honestidad mientras la corrupción continúa siendo uno de los grandes desafíos institucionales.

En ese sentido, las palabras del obispo funcionan como una interpelación que va más allá de los sacerdotes.

También interpelan a los políticos, a las autoridades, a los dirigentes y a una ciudadanía que debe decidir qué clase de representantes quiere llevar a las instituciones públicas.

Porque la democracia no termina el día de la elección.

Comienza después, cuando el ciudadano exige que el impuesto que paga se convierta en servicios, que el presupuesto público se traduzca en obras y que quienes administran los recursos rindan cuentas.

Menos fachada, más compromiso

En definitiva, el mensaje de monseñor Gabriel Escobar plantea una cuestión que resulta difícil de esquivar: la política no puede reducirse a imagen, religión, discursos y fotografías.

La verdadera medida del compromiso público está en aquello que se hace cuando las cámaras se apagan: cómo se administra el dinero de la gente, cómo se trata al ciudadano, cómo se responde al pobre, cómo se combate la corrupción y cuánto se trabaja por una sociedad más justa.

Menos marketing religioso. Menos fachada. Menos oficinas. Más calle. Más servicio. Más transparencia. Más justicia social.

Ese parece ser el fondo del mensaje del obispo.

Y en un Paraguay que se declara mayoritariamente cristiano, pero que todavía lucha contra profundas desigualdades y contra la corrupción, la pregunta queda planteada:

¿Estamos practicando realmente los valores que decimos profesar o simplemente aprendimos a utilizarlos como parte de la fachada?

 

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